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Bartolomé Leonardo de Argensola



BIOGRAFÍA DE Bartolomé Leonardo de Argensola

Nombre Real: Bartolomé Leonardo de Argensola
Profesion: educador y político
Nacimiento: 10 de septiembre de 1904
Lugar de Nacimiento: Taxisco, Guatemala
Fallecio (†): Guatemala, 7 de octubre de 1990.


Poeta español, nacido en Barbastro (Huelva) en 1561, y muerto en Zaragoza en 1631. Su fecunda obra poética lo convitió en uno de los poetas aragones más celebrados en el Siglo de Oro de las letras castellanas.

Era hijo de Juan Leonardo y de Aldonza Tudela. Poco sabemos sobre su educación: es posible que estudiara en la Universidad de Huesca, aunque no hay documentos que lo prueben. En 1579 publica unas octavas elogiando la Divina y varia poesía de fray Jaime Torres. Recibió el grado de bachiller en la Universidad de Zaragoza. Entre 1581 y 1584 estudió Derecho canónico en la Universidad de Salamanca. Otis H. Green piensa, sin embargo, que debió graduarse en Zaragoza, y después de 1591, pues en los registros de la Universidad de Salamanca no aparece su nombre.

Posiblemente asistió en Zaragoza, junto con su hermano Lupercio, a las clases de Andrés Schotto o a las de Simón Abril. Con estos maestros conoció en profundidad a los autores clásicos, lo que se advierte claramente en su obra, en la que se puede apreciar la influencia de Horacio, Juvenal, Persio y Marcial. Hacia 1584-1586 entró al servicio de don Fernando de Aragón, duque de Villahermosa. Fue nombrado regente de la parroquia de los estados del duque, lo que le proporcionó el nombre de Rector de Villahermosa, con que fue conocido. Intervino en los sucesos que acaecieron en Aragón con motivo de la huida de Antonio Pérez en 1591-1592.

A la muerte del duque de Villahermosa, pasó a servir a la emperatriz María, por lo que se trasladó a la Corte. Allí entabla amistad con Nuño de Mendoza, el conde de Lemos, el príncipe de Esquilache y algunos eruditos. Durante estos años demuestra un gran interés por la historia; escribió Conquista de las islas Molucas, quizás por encargo del conde de Lemos, y los Anales de Aragón. Debió de trasladarse con la corte a Valladolid, donde escribió algunos poemas.

En 1603 murió la Emperatriz. En 1608 el conde de Lemos pidió en un memorial una pensión o una recompensa para Argensola, que recibió 300 ducados. Con el nombramiento del de Lemos como virrey de Nápoles en 1608, entró a su servicio Bartolomé, ocupando un cargo. Con Lemos partió para Nápoles acompañado por un grupo de poetas y escritores -su hermano Lupercio, Mira de Amescua, Jerónimo de Barrionuevo- que, en la ciudad italiana, fundaron la Academia de los Ociosos.

A la muerte de su hermano, acaecida en 1613, solicitó el puesto de cronista del reino de Aragón, cargo que no le fue concedido hasta dos años más tarde; fue luego nombrado canónigo de la catedral de Zaragoza. Volvió a Zaragoza y allí residió hasta su muerte. Estos años fueron muy fructíferos, pues sus ocupaciones le permitieron la dedicación a su obra poética y a su tarea de historiador.

Murió en febrero de 1631. En su testamento recomendaba a su sobrino Gabriel Leonardo que recogiera todos los papeles “de buenas letras y que yo por mi particular curiosidad y gusto he trabajado, los cuales quiero que guarde para sí y su entretenimiento, sin que se esparzan ni vayan a manos ajenas, que en fe desto no mando que se quemen todos”. El sobrino, sin embargo, no hizo caso de esta recomendación y en 1634 publicó en Zaragoza las Rimas de Lupercio y del Doctor Bartolomé Leonardo de Argensola.

Obra

La poesía de Bartolomé Leonardo de Argensola permaneció siempre fiel a los ideales clásicos, manteniéndose alejado de las polémicas literarias de su tiempo; como afirma José Manuel Blecua: “da la impresión de ignorar del todo la nueva poesía”. Su ideal consistía en el estudio y la imitación de los escritores clásicos: Horacio, Virgilio, Juvenal, Persio y Marcial. Quizás el poeta clásico al que más debe es Horacio; de él aprendió a escribir con precisión, a limar sus versos, y el gusto por la sátira. De Juvenal recibió la fuerza para denunciar los vicios de sus contemporáneos, y la nostalgia por un pasado. También, y en esto no es diferente de muchos otros escritores de su época, se aprecia el interés por la Biblia, cuya influencia se puede ver en muchas de sus composiciones. Asimismo, citó en sus obras a Píndaro, Aristóteles, Platón, Séneca, Cicerón, San Agustín o Santo Tomás, entre otros.

El sobrino del poeta, en la edición de su poesía publicada en Zaragoza en 1634, recogió 197 poemas, que agrupó en cuatro grupos: amorosos, satíricos, morales y religiosos, y de circunstancias. Por lo que se refiere al primer grupo, el de la poesía amorosa, Blecua afirma que dan la impresión de ser un juego sin trascendencia, es decir, que Argensola nunca estuvo enamorado, tal y como parece confesar el mismo poeta en una epístola al príncipe de Esquilache: “Yo te confieso que cuando uno empieza / celos, glorias, desdenes y esperanzas, / que se me desvanece la cabeza. // Dirásme luego «Tú no lo alcanzas / porque nunca estuviste enamorado, / ni sujeto a accidentes y mudanzas»”. Es una idea que ya aparece en la poesía cancioneril: el poeta ha de fingir estar enamorado para ser considerado como un auténtico poeta.

Escondió a su amada en los nombre tradicionales en la época: Filis, Cintia o Laura. Su poesía contiene un “sensualismo sabiamente reprimido”. En algunos poemas, como el que comienza “Si amada quieres ser, Lícoris, ama”, se aleja del platonismo metafísico y parece recomendar una relación física. En sus poemas aparecen recogidos los tópicos de la descripción de la belleza femenina.

Los poemas satíricos fueron los que más fama le proporcionaron entre sus contemporáneos, por lo que Vélez de Guevara lo denominó “divino Juvenal aragonés”. Blecua afirma que Argensola creía en la seriedad de la sátira, en su moralidad y en su posible eficacia correctora. De entre sus poemas satíricos quizás el que destaca más es la "Epístola a don Nuño de Mendoza", alabada por Menéndez Pelayo, en la que el poeta, ante la decisión de don Nuño de enviar a sus hijos a la Corte, presenta un cuadro crítico de los vicios cortesanos: la codicia, la rapiña, la gula, la lujuria, el juego, el adulterio, la hipocresía; además, presenta una galería de tipos detestables: mentirosos, aduladores, deudores, religiosos apóstatas, narcisos, meretrices, etc. La epístola termina con un rotundo consejo: “que si en tu casa hay pozo bien profundo / o alta ventana, allá los precipita: / que en los castigos no desplace al mundo / quien por clemencia el más horrendo evita”. También escribió sonetos satíricos en los que hace objeto de su crítica ciertos oficios y personajes ya típicos en este tipo de literatura: procuradores, abogados, mujeres que se maquillan demasiado, malos poetas, etc.

Otros poemas pertenecen a la poesía moral, en la que sigue los temas más transitados por la literatura barroca: predominio de la razón sobre los sentidos, aviso sobre los peligros del mar, caducidad de la belleza femenina, el de la rosa y la brevedad de la vida, la calavera, el reloj. Su poesía religiosa tiene unas raíces profundamente espirituales, con notas intimistas muy claras. En muchos de ellos se mezclan elementos bíblicos con clásicos. Hay que destacar la canción "A la nave de la Iglesia" o las dedicadas a la Purísima Concepción y a la Asunción. Tradujo algunos salmos, como el "Super flumina Babilonis". Dentro de la poesía religiosa también se hallan poemas de circunstancias, escritos para determinadas fiestas o para participar en justas y certámenes poéticos.

El último grupo de poesías que estableció el sobrino del poeta es el de las composiciones de circunstancias. Dentro de él se encuentran poemas enviados a justas y certámenes, como los que presentó en Zaragoza y Salamanca con motivo de la muerte de Felipe II. La "Elegía por la muerte de la reina doña Margarita" es considerada por José Manuel Blecua como una de las más bellas y originales elegías del siglo XVII. Merece también ser destacada la elegía que escribió a la muerte de don Fernando de Castro, hermano del Conde de Lemos.

Hay que citar, por último, las traducciones que hizo de poemas de autores latinos, concretamente de Horacio, que amplifican notas del original, o la versión de una composición de Píndaro.

OBRAS DE Bartolomé Leonardo de Argensola:

  Poesía
  Completa

• Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, Zaragoza, s. d., 1634. Se editó posteriormente en Madrid, en    1786, en 4º.

  Dispersa

• Octavas en alabanza de Orden de la Merced.
• Sátira del Incógnito (manuscrito).

  Prosa

• Discurso historial, s. d., 1590. Publicado en la Memoria dirigida a los Diputados del Reino de Aragón donde solicitaba la plaza de   su Cronista.
• Aforismos políticos.
• Alteraciones populares de Zaragoza, año 1591
• Apología, Madrid, s. d., 1609. Escrita en defensa de un soneto suyo de que 1604 contra el arte de la esgrima.
• Comentarios a una carta del rey Fernando el Católico. Escrita al Conde de Ribagorza, Virrey de Nápoles, en defensa de la Real    jurisdicción.
• Comentarios para la Historia de Aragón. Manuscrito. Abarca de los años 1625 a 1627.
• Conquista de las islas Molucas Madrid, Alonso Martín, 1609. 409 págs. en folio.
• Menipo litigante, Demócrito, Dédalo (c. 1585-1598). Tres diálogos más lucianescos que platónicos; el primero es sátira de    jueces y abogados, el segundo contra diversos modos de locura de los hombres y el tercero aborda las Alteraciones de Aragón,    el caso de Antonio Pérez, la legitimidad de la razón de estado y el desengaño, con alusiones al Somnium Scipionis.
• Primera parte de los Anales de Aragon, que prosigue los del Secretario Gerónimo Zurita desde el año MDXVI del Nacimiento de    Nuestro Redentor, Zaragoza, Juan de Lanaja, 1630, en folio. Comprenden desde 1516 hasta 1520.

Se conservan también varias cartas, en latín y castellano, una de ellas dirigida a Juan Briz Martínez, abad del Monasterio de San Juan de la Peña con observaciones sobre un proyecto de Historia de Navarra.

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