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Endre Ady



BIOGRAFÍA DE Endre Ady:

Nombre real: Endre Ady
Profesion: poeta.
Nacimiento: 31 de noviembre de 1877.
Lugar de Nacimiento: Hungria


Endre Ady, es el principal poeta lírico de la lengua húngara del siglo XX, y uno de los más grandes representantes de la poesía moderna en toda Europa, siendo completamente desconocido en castellano. Las traducciones que de su obra existen, son muy escasas. Sirva de ejemplo la última traducción al castellano aparecida en 1977 del cubano David Chericián, realizada para la editorial Corvina (Budapest), que es prácticamente inaccesible, y tan sólo contiene un pequeño número de poemas.

Entre el 31 de noviembre de 1877 y el 27 de enero de 1919, en que murió de pulmonía, sífilis, alcoholismo, nicotina y tedium vitae, Endre Ady, con cuarenta y seis años, produjo una magna obra poética: "Sangre y oro" (1906), "El carro de Elías" (1909), "Poemas de todos los misterios" (1911), "La vida que huye" (1912), "A la cabeza de los muertos" (1917), etc. Los poemas contenidos en su gran libro "Uj versek (Nuevos poemas / 1906)" son especialmente reveladores y fueron calificados por la crítica como las "nuevas canciones para una nueva época". Endre Ady irrumpió en la lírica húngara mostrando las posibilidades de este idioma asiático, destruyendo y creando simultáneamente. Resulta prácticamente imposible traducir a un idioma románico como el nuestro los efectos bárbaros, ungrofínicos, del húngaro, cuyas bases sintácticas, fonéticas e incluso lógicas, son diametralmente opuestas a las del castellano.

Endre Ady, de origen noble campesino, se describe a si mismo como "frágil de salud y medroso", "de espíritu femenino, aristocrático, cobarde y bárbaro". "Tengo miedo, luego soy" llegaría a decir de si mismo. Desde muchacho se refugió en la nicotina, el alcohol, y las mujeres, con quienes siempre tuvo mucha suerte, disfrazando su soberbia y su timidez con un tono agresivo y violento, tanto en la vida como en sus primeros escritos periodísticos. Era guapo y apuesto, bajo y ágil en movimientos, ocurrente y dado a rachas sombrías y agresivas, una especie de Modigliani centroeuropeo. El cerco que el dictado de la realidad impuso a este poeta estuvo plagado de riesgos. Pero la hazaña de franquearlos llegó a ser para Endre Ady más estimulante que el momento crucial de la salida, cuando se traspasan los límites del laberinto y se elige una dirección determinada.

La literatura húngara de su tiempo era, según sus propias palabras, "un gran campo de barbecho", "lugar de viejas batallas, estupidez y torpor", donde "la no muy numerosa elite estaba buscando la fe". Era una literatura burguesa y apocada, reducida a una elite gobernante, a un cántico al conformismo, contra lo que Endre Ady se rebeló desde el principio.

Influido por Karl Marx (1818-1883), y Charles Robert Darwin (1809-1882), se situó a la izquierda tanto en política como en literatura, compatibilizando esto con un marcado gusto aristocrático por las buenas cosas de la vida. En sus poemas, que luego los comunistas húngaros han hecho suyos, habla insólitamente del pueblo como parte esencial de la cultura nacional húngara. Los comunistas le consideran, no del todo, como un precursor suyo, pero si es cierto que no se puede negar los ideales socialistas que respiran sus poemas. También es cierto que toda su vida fue un continuo rechazo de la rutina burocrática, que aún dentro de la extremada flexibilidad del actual régimen húngaro, es la base del sistema burocrático impuesto por Moscú a Hungría hace años. Endre Ady, volviendo la espalda al vecino germánico, vio desde el principio un modelo de lucha en la Rusia revolucionaria de su tiempo: "Rusia esta realizando dos revoluciones al tiempo, la vieja, por la que Europa ya pasó, y la nueva, que en Rusia, se hace con sangre, excepcionalmente y a pesar de las enseñanzas de Marx". Este fermento revolucionario ruso le preocupaba enormemente: "¿Serán nuestros hijos germanos, eslavos, o qué?

Los largos, complejos e itinerantes amores con Léda (Adele Brull), su amante y musa de largos años, son demasiado intrincados para ser narrados. En París, con y sin Léda, Endre Ady vivió varios años como corresponsal de periódicos húngaros, tomando de la prensa francesa los temas de sus crónicas y viviendo casi exclusivamente entre bohemios y emigrante húngaros. Viajó también por Italia ganando y perdiendo fuertes sumas de dinero en Mónaco, ciudad a la que dedica una de sus más brillantes prosas. Recelaba de Austria, como buen húngaro, le repelía Alemania y nunca sintió el más mínimo interés por Inglaterra.

Pasa el final de su vida en Hungría. La atmósfera de Budapest le resultaba asfixiante, era un invernadero político e intelectual. Se queja de "no tener hogar ni morada", y dice de sí mismo, que como escritor se ha convertido en el ejemplo húngaro de ininteligibilidad, pero "tengo un miedo más mortal aún a ser comprendido". Para entonces ya era Endre Ady el eje en torno al que giraba, e iba a seguir girando la lírica húngara. Además era el centro de la gran revista literario-política Nyugat (Occidente), que ha quedado como uno de los hitos de la historia de la cultura húngara moderna. Pero entre el hombre y los dioses siempre se crea un abismo, el de la inaccesibilidad a los dioses, quienes sólo abrirán hacia los efímeros el puente del sacrificio, por medio de lo que Sören Kierkegaard (1813-1855) llamó el temor y el temblor. Era por ello, el eje de una controversia política: aclamado como profeta por los grupos de izquierda y vituperado por los nacionalistas de derechas, mientras él acentuaba el tono político de sus poemas, aunque quitándoles agresividad.

Cuando en 1912 rompe con Léda, a quién en sus escritos llama Madame Prétérite, Endre Ady no tarde en refugiarse primero, en diversos sanatorios de Austro-Hungría, donde su salud va deshaciéndose poco a poco, y finalmente en Berta Boncza, una muchacha muy joven, con quien se había carteado en 1911, estando ella interna en Suiza y con quien se casaría contra la voluntad de la familia de ella, en 1914, "habiendo ya pasado legalmente el límite de treinta y tres años asignado a los poetas líricos húngaros" y sintiéndose ya como "un campo completamente arado".

Endre Ady se manifestó, desde el principio, contrario a la entrada de Hungría en la primera guerra mundial, y desde su retiro campesino de Csucsa, en medio de la seguridad que le daba su matrimonio, seguía, obsesionado, los horrores de la guerra. Entre los estremecimientos y hecatombes que las culturas irremediablemente sufrían, nada quizás sea comparable a esa grieta que puso en cuestión la verdad originaria y que dio forma, en Hungría, a una destrucción de la lírica. Dio el inicio de un proceso de secularización, el acceso a la más extrema libertad y a la más extrema soledad del ser humano, la sustitución de las musas por la diosa Política donde el padecer, acaso la condición misma de la existencia, se enmascara y se engaña con los signos imantados del poder. Fue atacado por los militaristas y vivió para ver la independencia de Hungría, aunque estaba ya demasiado enfermo para participar en el gobierno republicano del conde Mihály Károly (1875-1955), quien, sin embargo, fue a visitarle a su retiro, acompañado de sus ministros. No vivió para ver el gobierno comunista de Béla Kun (1886-1939), y su último poema se titula "Saludo al Vencedor", un llamamiento a los vencedores de la Gran Guerra para que no humillen a Hungría.

Sus últimos poemas fueron recogidos en un volumen póstumo: "Los últimos bajeles" (1932).

"Soy feliz" dice en alguno de sus escritos "desde que me di cuenta de que la vida y la muerte no son realmente emperadores, sino sólo cancilleres eternos, obedientes al más grande de los déspotas: el azar". Así como es posible concebir la poesía a la vez como lenguaje y como trascendencia del mismo, es posible pensar en el ser y en él desprendiéndose de sí hacia la trascendencia: el camino fundado por la poesía de Endre Ady es el mismo de las ansias del ser.

En tanto las formas poéticas se han mantenido incólumes e inalterables, difícilmente ha habido una verdadera innovación. El contenido o el campo semántico de cada vocablo y la manera en qué son expresados son históricos, por algo se dice que "cada época tiene su propio lenguaje", y ese espacio está determinado por el nivel del avance alcanzado por la técnica y la ciencia de cada momento de la historia. El experimentalismo, que no hay que confundir con la experimentación llevada a cabo por Endre Ady, no va más allá de la mera manipulación de los signos sin generar nuevos conocimientos y sin crear nuevos conceptos, contentándose con el manejo estereotipado y convencional de los tropos o figuras retóricas, ya aceptadas por el sistema cultural vigente. Para que un poema sea innovador y constituya vanguardia debe cuestionar la estructura significante del sistema expresivo que emplea, creando nueva información. Por ello, cuantitativamente, la cantidad de poemas experimentales realmente inaugurales, es exigua en cualquiera de sus propuestas con relación a la poesía tradicional. A veces ocurre que un poema basta para enunciar la innovación y los demás que le siguen sólo pueden repetirla o señalar algún aspecto colateral de la misma.

La vanguardia poética de Endre Ady es, entonces, necesariamente experimental con respecto a su lenguaje, es decir, no sería vanguardia si no estableciera proyectos radicales de escritura y lectura los llamados "efectos bárbaros" de origen ungrofínico, presentes en los poemas de Endre Ady. No se trata de manipular los signos de cada lenguaje en una fruición redundante de soluciones ya conocidas y aceptadas por el sistema cultural vigente, en un ejercicio insubstancial de virtuosismo epigonal. Endre Ady trata de generar información que cuestione al lenguaje empleado en sus poemas y, por extensión, a todos los lenguajes. También, sus poemas experimentales interpelarán a la sociedad que los reciben, cuestionando y obligando a rehacer sus estructuras a la luz de los procesos que despierta. Estos reacomodamientos, en los variados y distintos repertorios, no sólo artísticos sino sociales, generarán, a su vez, nuevos planteamientos que revertirán y modificarán aquella información, provocando nuevos avances en el conocimiento, de lo relativo a lo absoluto.

Si coincidimos en que la ambigüedad y la autorreflexibilidad son las marcas propias de la poesía de Endre Ady, observamos que, en su vertiente más innovadora y experimental, también concurren estas características. La ambigüedad sucede cuando es apreciable más de un sentido, por otro lado, la autorreflexibilidad aparece cuando la desviación de la norma afecta la forma de la expresión, es decir, la manera en la cual se cuenta o refiere algo, provocando, a su vez, ambigüedad semántica. Se suele decir que los contenidos no cambian pues existen en el seno de la vida social y suelen ser atemporales: las cosas serán siempre las mismas, aunque cambien ligeramente la extensión de sus significados según la época o el lugar. Lo que cambia es la forma de la expresión como consecuencia de la aplicación de nuevos procedimientos, en el caso de Endre Ady gracias a la experimentación, lo que provoca alteraciones cruciales en los poemas. Ya incluso en la poesía más concretista de Endre Ady estos acondicionamientos se hacen evidentes.


FOTOS DE Endre Ady:


  





OBRAS DE Endre Ady:

  Poemas (1899)
  Una vez más (1903)
  Nuevos Poemas (1906)
  Sangre y oro (1907)
  En el carro de Elías (1908)
  Quisiera que me quisieran (1909)
  Las Poemas de Todos-Secretos (1910)
  La vida que huye (1912)
  Margarita quiere vivir (1912)
  El amor Nuestro (1913)
  ¿Quién me ha visto? (1914)
  A la cabeza de los muertos (1918)
  Los últimos barcos (1918).

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